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Diez años del cochinillo a Figo


22 de noviembre de 2002. El Real Madrid visitaba el Camp Nou con un hombre en el punto de mira: Luis Figo. El genial jugador portugués visitaba por segunda vez la que fue su casa tras su forzada salida al Real Madrid hacía un par de años. En su primera visita, Figo no se atrevió a sacar los saques de esquina y a jugar por la banda, algo muy habitual en él, acongojado por el ambiente hostil en las gradas. Aquel partido lo perdió por 2-0 un Real Madrid más pendiente de la grada que del campo.

Al año siguiente, Figo no pudo disputar el partido del Camp Nou al estar sancionado, lo que provocó ciertos rumores de que se había borrado del partido por miedo al ambiente. En su segunda visita, el portugués se empeñó en callar las voces que lo acusaban de borrarse y comunicó a sus compañeros y al entrenador que él se encargaría de los saques de esquina. Durante el partido, cada vez que Figo se acercaba a una banda, la tensión aumentaba y los objetos volaban desde la grada, retrasando varios segundos cada lanzamiento. En uno de ellos, llegó a volar una cabeza de cochinillo, cayendo a la espalda del jugador blanco. La imagen daría la vuelta al mundo, avergonzando al fútbol español.

La situación se hizo insostenible y Medina Cantalejo suspendió el partido durante 15 minutos para que los ánimos se calmaran. El partido se reanudó sin complicaciones y acabó con un empate a cero en un clásico para olvidar.

El presidente del FC Barcelona en aquel momento, Joan Gaspart, acusó a Figo de provocar la situación y recurrió ante la justicia ordinaria la sanción de dos partidos cerrado para el Camp Nou. La Federación cambió la norma, en otro gesto más de la gestión pésima de Villar, y el Barça no cumplió finalmente el castigo. Aunque el club culé todavía se avergüenza de la imagen, testigo de otra época que no conviene revivir.

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1, 2, 3 Messi


No hay dos sin tres dice el dicho y Leo Messi se ha encargado de cumplirlo. El argentino ha sido coronado hoy por tercera vez consecutiva con el Balón de Oro que le acredita como mejor jugador del año 2011. El delantero culé ha superado con el 47,80% de los votos a Cristiano Ronaldo (2º con el 21,60%) y Xavi Hernández (3º con el 9,23%). Messi se convierte así en uno de los cuatro jugadores que han ganado tres veces el prestigioso premio junto a Cruyff, Van Basten y Platini, que ostenta el honor junto a Leo de haberlo hecho de manera consecutiva. Un premio que no hace nada más que engrandecer más si cabe la leyenda del genio de Rosario.

Ahora el dilema está en hasta dónde puede llegar el ’10′. Consagrado sin ninguna duda como mejor jugador del planeta, cada vez se expande más la idea de situarlo en el Olimpo de los Maradona, Pelé o Cruyff. Personalmente, es al único de estos que he visto jugar, y para mí no hay discusión: es el mejor de la historia. Hace fácil lo imposible, se inventa jugadas que ni siquiera podríamos soñar y aplasta a sus rivales con una sonrisa de chico bueno que esconde un instinto ganador imparable.

Aunque todos los éxitos de Messi sólo son sinónimos de la supremacía total del FC Barcelona en el deporte rey. Ni Messi sería tan grande fuera del Barça, ni el conjunto culé sería lo que es ahora sin Messi. Se necesitan y se alimentan mutuamente. El argentino es el engranaje que perfecciona la maquina de Guardiola.

Mención especial merece Xavi Hernández, el motor de la maquina, todo pasa por él, dándole sentido al juego. El de Terrassa no necesita balones ni botas doradas para ejercer su superioridad. Capaz de mover a un equipo como si fuera un director de orquesta, es el alma del Barça y de la selección española. Campeón de todo tiene el don de hacer mejores a todos los que le rodean. En palabras del dorado Messi: ”Tú también te lo mereces y para mí es un placer estar contigo en la cancha”.

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En busca de la garra perdida


Se acabó la segunda etapa de Gregorio Manzano al frente del Atlético de Madrid con la sensación de proyecto muerto antes de empezar. El entrenador jienense, la opción menos deseada tanto por afición como por directiva, tuvo que remar a contracorriente constantemente, sabiendo que al primer problema él estaría en el punto de mira. Con algunas dudas en lo deportivo el proyecto echó a andar con un ojo en las eliminatorias previas europeas y otro en las salidas y fichajes del club. El culebrón Agüero marcó todo el verano rojiblanco, que pese al desánimo, conformó una plantilla más completa, con grandes nombres y la idea del buen juego y el toque por bandera. Consecuencia de los éxitos del Barça es el intento de copiar la manera de jugar culé, algo imposible y que refleja lo difícil y especial del juego de los de Guardiola. Salvo algunos partidos buenos, la idea de Manzano no carburaba y a él se le veía sin capacidad de reacción.

Además surgió el tema Reyes. El utrerano no entraba en los planes de Manzano y empezó a hacer la cama al entrenador. Un asunto parecido al ocurrido entre Quique Sánchez Flores y Diego Forlán que acabó con ambos fuera de la entidad. Casualmente el mismo destino les esperaba a Manzano y a Reyes, que no han sabido manejar la situación, aparcar el orgullo y el ego a un lado y luchar juntos por el bien del club.

La salida de Manzano estaba cantada y, en un error del club, se le dejó tres partidos en el cargo sabiendo que estaba fuera. Una especie de milla verde de tres partidos, con un destino inevitable y la sombra de un hombre persiguiéndole: Diego Pablo Simeone. El ‘Cholo’ era el encargado de suplir a un Manzano que dejó como regalo una derrota en casa contra el Betis y la eliminación de la Copa del Rey a manos de un Segunda B como el Albacete. Glorioso final de un proyecto destinado a eso mismo.

Simeone y el Atlético estaban destinados a encontrarse en algún momento y ese momento, aunque no es el esperado, ha llegado. Uno de los ídolos del histórico ‘doblete’ y emblema para la afición llega con el objetivo de mejorar la situación, llevar al Atlético a Champions y, sobre todo, contagiar a los jugadores la brega que él demostró como jugador y el amor y la importancia de llevar esa camiseta. Básicamente lo que el aficionado atlético quiere. Cuándo se gana o se pierde la afición está siempre incondicional con el equipo, lo único que piden es entrega y orgullo al llevar las rayas rojas y blancas.

El método Simeone está claro: defender bien y salir a la contra. Un estilo que ha caracterizado al Atlético durante toda su historia y que se había perdido en los últimos años por la fragilidad defensiva de los equipos. Esta será la gran asignatura del argentino. Madera tiene para ello. La afición estará con él y le permitirán varios fallos, pero no por siempre. Además, la directiva le ha dado todo su apoyo, algo vital para que un proyecto funcione. Empieza el proyecto Cholo, viento en popa a toda vela y con la sensación de proyecto vivo y de futuro.

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Una moneda al aire


Cuando la presión apremia, la toma de decisiones se convierte en una tarea complicada, donde el éxito o el fracaso penden de un hilo muy fino. Para muchos, el verdadero rasero para medir las capacidades de una persona es verlo trabajar bajo presión. El mundo del deporte no se salva de esta premisa. Un jugador capacitado para aumentar sus prestaciones en los minutos decisivos o técnicos de equipos que tienen que llegar a la orilla en un mar de deudas son joyas de un gran valor deportivo y económico.

El acierto en las acciones importantes del equipo marca el devenir futuro del mismo. Acertar en un fichaje o en un entrenador puede suponer crecer más por temporada, tanto en el aspecto financiero como en el deportivo. Es una ecuación sencilla: a mejores jugadores, más éxitos y por lo tanto más dinero para invertir y volver a empezar el ciclo. Algo básico a la hora de empezar un proyecto deportivo, cuya vida en el tiempo se verá influenciada por ello, es la cantidad de errores necesarios para romper el

círculo. Imposible de saber o calcular, de ahí el valor de ese grupo de elegidos capaces de trabajar en esas circunstancias.

Un ejemplo claro de ello es la sección de baloncesto del Real Madrid. Sus vitrinas están llenas de trofeos, cubiertos por el polvo, muestra de un exitoso y lejano pasado.

La incapacidad de crear un proyecto serio en los últimos años y el error al contratar jugadores ha dejado sombras en cuanto al futuro de la sección se refiere.

Económicamente el poderío del Real Madrid es superior al de la gran mayoría de sus rivales, por lo que no es una excusa la falta de crédito a la hora de acometer fichajes de renombre. Lazaros Papadopoulos es el ejemplo perfecto para demostrar que es necesario analizar un jugador al dedillo y no pagar una millonada mirando solo el nombre. Si a esto le sumas la falta de continuidad en proyectos a largo plazo y el cambio constante y masivo de jugadores por temporada

el resultado solo puede ser desastroso.

Además el rotundo éxito del Regal FC Barcelona, tanto en España como en Europa, solo provoca desmotivación en las oficinas blancas. Los culés fichan mejor y ganan más que los blancos, pero realmente demuestran su superioridad gracias a la confianza en un proyecto, retocado año a año en lo estrictamente necesario. La falta de continuidad es el mayor lastre de un Real Madrid, que nunca llega a cumplir las expectativas que su historia y capacidad le generan.

Este hecho, unido a la falta de apoyo de su presidente, centrado exclusivamente en el fútbol, ha provocado que su afición se haya contagiado del pesimismo y vea los tiempos de trofeos y gloria muy lejanos.


El fichaje de Rudy Fernández es un balón de oxígeno para sus aficionados.  El esfuerzo de sus dirigentes por traer a un jugador NBA, ya consagrado en el baloncesto europeo, que ilusione y permita luchar con el Regal Barça se ha materializado con el escolta de los Dallas Mavericks. El cierre patronal de la mejor liga del mundo está posibilitando el éxodo temporal de jugadores NBA hacia otras ligas extranjeras.  Pero realmente, ¿cuánto tiempo jugarán aquí? El acuerdo entre patronal y jugadores está cercano y todo parece indicar que la temporada comenzará a tiempo.Entonces, ¿qué pasa con Rudy? El escolta mallorquín ha firmado un contrato con el Madrid que le permite volver a la NBA cuando se firme el nuevo convenio colectivo. La duda radica al término de la temporada americana, donde Rudy debe decidir si quedarse con un nuevo contrato en Estados Unidos o volver al Real Madrid y cumplir el contrato firmado.  Si el escolta decidiera quedarse en la NBA, tendría que pagar una cantidad cercana a los dos millones de euros al club blanco como indemnización.

La cantidad de partidos que Rudy dispute con el Madrid y su rendimiento en el mismo es la base sobre la que el equipo blanco cimenta su futuro. Una jugada a cara o cruz que medirá la vida de un proyecto capacitado para devolver el brillo a las vitrinas o acrecentar las sombras de una sección histórica.

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La Supercopa de Messi y el más de lo mismo


Si no tuvimos bastante con todos los Madrid-Barça de la temporada pasada, el nuevo curso se inició con un doble duelo entre ambos. La Supercopa es el primer trofeo oficial, que enfrenta al campeón de la liga y al campeón de copa. Para muchos no es más que un trofeo de verano, un par de partidos de pretemporada. Para el que lo gana, es un título más. Para el que pierde, es un trofeo sin importancia. Consecuencia de la enorme diferencia con el resto, Real Madrid y FC Barcelona se citaron para agosto al acabar las pasadas semifinales de Champions. Un Madrid mucho más rodado en pretemporada llegaba crecido a la ida ante un Barça con jugadores tocados y menor ritmo físico. Por primera vez en muchos años, el duelo llegaba en igualdad de fuerzas.

La ida en el Bernabéu fue más calmada que los cuatro clásicos anteriores. Importaba más el fútbol y el balón que los palos, malos gestos y piscineros. Quizás porque el Madrid se convenció de poder ganar al Barça jugando de tú a tú. Algo que pedí la temporada pasada y motivó mis críticas al planteamiento de ‘equipo pequeño’ de Mourinho. Presionando muy arriba al Barça, ahogó su juego de toque. La presión provocaba pérdidas y salidas eléctricas contra Valdés. El Madrid se adelantó por medio de Ozil pero Villa y Messi dieron la vuelta al marcador con dos destellos. El Barça, contento con el resultado, intentó dormir el encuentro pero se encontró con el empate de Xabi Alonso. El partido desencadenó en un ida y vuelta a cada área, hasta que la gasolina se les acabó a todos, señal de que estamos en plena pretemporada, y se conformaron con el empate. El Madrid fue mejor, tocó más pero seguía sin ser capaz de ganar al Barça, que fue menos Barça, pero que sigue siendo el mejor equipo del mundo.

Los días previos fueron más calientes que los anteriores a la ida. El Madrid creía en remontar y cargaba de nuevo contra una supuesta ayuda arbitral al Barça, siendo el Madrid el más beneficiado en la ida de la benevolencia del árbitro. En Barcelona se quejaban de la extrema dureza de los blancos, sobretodo de Pepe. El lío ya estaba montado y el ambiente caldeado, pero de nuevo volvía a importar más el fútbol.

La vuelta en el Camp Nou fue más de lo mismo que en la ida. El Madrid ahogando la salida de balón culé, aunque el Barça, con mejores piezas que en la ida, sacaba mejor el balón. La igualdad entre ambos provocó un constante ida y vuelta hasta que apareció Messi. El delantero azulgrana sacó un conejo de la chistera  en forma de pase a Iniesta, que se plantó solo ante Casillas y resolvió una vaselina magistral. El Barça mandaba y ponía al Madrid la eliminatoria cuesta arriba, pero los blancos no se rindieron y siguieron fieles a la idea. En un centro al área culé, Ramos tocó el balón que golpeó en Cristiano, que estaba en fuera de juego, y se introdujo en la portería. Resultado justo por lo visto en el campo. Y cuando el partido iba encaminado hacia el descanso, Leo Messi volvió a entrar en acción. Controló con el pecho un saque de córner, poniéndosela a Piqué, que con un taconazo dejó a Messi frente a Casillas, al que levantó el balón para deshacer el empate. Golpe psicológico para los blancos y moral para los culés.

La final parecía decantada del lado culé, pero en el Madrid, si no se habían rendido antes, no iban a hacerlo ahora. Los jugadores nos brindaron con un espectáculo de jugadas de ataque, dejándose todo lo que les quedaba. Hasta que se empezó a enturbiar el partido con varias entradas fuera de tono. Ramos, Pepe o Marcelo, contagiados de la frustración por haber jugado bien e ir perdiendo, sacaron del baúl las acciones que tanto se condenaron la temporada pasada. Todo lo que había hecho bien el Real Madrid hasta el momento quedaba manchado por las duras acciones de sus jugadores. Entonces, llegó el empate de Benzema que mandaba el partido a la prórroga. El juego se hizo lento y duro, con acciones de ambos equipos rozando el reglamento. La tensión volvía a nublar la técnica. Pero, como en todas las acciones claves de la Supercopa, apareció Messi, deshaciendo el empate y dejando la copa en Can Barça.

La desesperación cegó a los blancos y Marcelo perdió los nervios en la última jugada del partido. Una muy fea entrada sobre el debutante Cesc Fábregas hizo que toda la calma dejará paso a la tempestad. Empujones, golpes y piquetes de ojos a las puertas del túnel de vestuario. Villa y Ozil se enzarzaron y acabaron los dos expulsados. Marcelo, por supuesto, recibió la roja directa por su salvaje acción. Pinto y Ramos metidos en todos los fregados; y Mou realizando la acción de la Supercopa: meterle el dedo en el ojo a Tito Vilanova, que respondió golpeando la cabeza del entrenador portugués. Es preocupante que en un partido, en el que están los dos mejores equipos, la escena sea una tangana. No se debe separar un bando del otro, las sanciones deben ser ejemplares, porque como dijo Guardiola “algún día nos haremos daño de verdad”.

No tiene justificación alguna lo de Mourinho, pero menos si cabe, el ninguneo y la soberbia expresada en la rueda de prensa posterior. “No conozco al ‘Pito’ Vilanova” dijo el entrenador luso. El comité debe de actuar en sancionar esto, porque esto es la imagen que se da fuera del fútbol español. Y el Real Madrid, como institución centenaria y ejemplar, no debe permitir que acciones y declaraciones así manchen su impoluta historia. Espero que obliguen a pedir perdón a Mourinho y hagan que se calme. Él no está por encima de su club, aunque a veces lo parezca. Los aficionados se han metido en la guerra del lado de Mourinho, cegados en muchas acciones por la razón y olvidando aquello de lo que presumían como club señor.

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Dilemas para un largo verano


El Atlético de Madrid es ese club en el que todo puede pasar. La afición, anestesiada ante tanta decepción, cree que los desaires del destino van unidos a una leyenda negra. “Somos el Pupas”, frase que acuñó Vicente Calderón tras el empate en la final de la Copa de Europa de 1974 contra el Bayern Munich y que pesa en la memoria de todos los colchoneros. Aquel día, un gol de Schwarzenbeck en el último minuto privó al conjunto colchonero de alzarse con el cetro continental. Desde ese momento, la gente creyó en la leyenda y a cada mal momento, se agarran a ella para justificar la catástrofe. La llegada de la familia Gil al club hizo del Atlético la casa de los líos por excelencia. Situaciones disparatadas para una afición anestesiada ante los golpes. La leyenda se iba hinchando cada vez más, hasta consumarse con el descenso a los infiernos de la Segunda División. Dos años en el Purgatorio y el equipo volvía a su división pero no a su sitio. Con Fernando Torres, ídolo eterno de la afición, tirando del bloque la afición volvía a soñar con tiempos de vino y rosas. Pero año tras año, no se conseguía devolver al equipo a Europa, a su sitio. Harto de luchar solo contra viento y marea, el hijo pródigo voló a tierras inglesas buscando el reconocimiento y los títulos que en ‘su Atleti’ se le resistían. Desolada y hundida por la marcha de su niño, la afición buscó un nuevo referente y se abrazó a un joven y menudo argentino, con mote de dibujo animado.

¿Les suena la historia? Existe un dicho que asegura que el tiempo cumple unos ciclos y a cada cierto tiempo, la historia se repite. Al igual que Torres, Agüero se ha cansado de esperar la gloria que el Atlético le prometía y no le daba. El argentino consiguió dos títulos, algo con lo que Fernando soñó y ni se acercó a ello. Esos dos logros le convencieron para creer en el proyecto. Tenía a su lado a Forlán, Simao, Reyes, De Gea o Jurado y el equipo se había reforzado bien, la plantilla prometía. Entonces se vende a Jurado el último día del mercado. La directiva lanza un mensaje: ‘no nos importa vender a los buenos’. Los equipos pueden y deben vender piezas para mejorar, pero siempre que se traigan unos recambios dignos. Algo que el Atlético, con García Pitarch parecía haber olvidado. Más tarde se ‘regala’ a Simao en invierno, se crucifica a Forlán públicamente y se apalabra prácticamente la marcha de De Gea. ¿Cómo no se va a ir Kun?

El problema no es que Agüero se vaya, sino el porqué se va. Un equipo que da pasos hacia atrás, hipotecando gloria por un futuro incierto. No debemos cargar contra Kun por querer irse, si no debemos mirar a los directivos que provocaron la salida de Kun y de Torres con su ineficacia crónica. Gil Marín y Cerezo están más preocupados de molestarse entre ellos que de trabajar juntos por el bien común. Como en las relaciones de pareja, algo no funciona entre ellos y el final solo puede ser el divorcio, quién sabe si con separación de bienes. Un año después de ser campeones de la Europa League y de la Supercopa de Europa, el Atlético desarma el proyecto para empezar otro de cero. Solo un equipo del mundo es capaz de destrozar tan rápido un equipo campeón.

La marcha de Kun no tiene vuelta atrás. Él quiere irse, le da igual dónde, aunque prefiere quedarse en España. O lo que es lo mismo, Madrid o Barça. En sus declaraciones no se decanta por ninguno, por lo qué asegurar su marcha a uno u otro me parece demasiado aventurado. Eso sí, creo que le gustaría jugar al lado de Messi más que al lado de Cristiano. Si finalmente, el argentino se viste de blanco, la afición que tanto le ha amado, se sentirá decepcionada y pasará del amor incondicional al odio visceral. Una traición semejante debería hacer que la afición se levantara contra la directiva y pidiera explicaciones por la rebaja de la cláusula, la falta de comunicación externa del club y por el desmonte de un equipo campeón. Pero no, las heridas ya no sangran en los atléticos, anestesiados ante tanta desgracia. Volverán a renovar abonos, tras la venta de humo, su mejor labor, de dos dirigentes con la cartera llena de billetes y vacía de recursos. Como cuándo se vendió a Torres, la afición olvidará las penas abrazando un nuevo ídolo. Pero, al contrario que antaño, ahora no hay un Kun al que agarrarse. Nos queda un verano muy largo, lleno de humo y fantasmas, con tanto dilema escondido en el camino que tendremos que encarar. Sin leyenda negra ni nada.

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El puente aéreo de la Guerra Fría


Ya van tres clásicos y la situación es cada vez más tensa. Los nervios están a flor de pie, los protagonistas estallan con declaraciones que vuelan por puente aéreo de Madrid a Barcelona y viceversa. Como Estados Unidos y la URSS durante medio siglo, vivimos una situación de guerra fría en la que ambas potencias pueden autodestruirse en cualquier momento. No hablamos de una destrucción total, sino de una destrucción de relaciones. La prensa de uno y otro bando, culpable en gran parte de lo ocurrido, busca hacer sangre, malmetiendo contra los protagonistas e intentando desestabilizar al contrario de la manera que sea. Se han perdido las formas, la educación y el buen hacer del profesional. Ahora importa más defender a Mourinho o Guardiola, digan lo que digan para no perder exclusivas, que informar a la audiencia con veracidad sin llevar debajo la camiseta del algún equipo. Y aún nos queda un partido, la vuelta de Champions del Camp Nou puede servir para apagar este incendio mediático o avivarlo hasta límites insospechados.

Pero no quiero hablar del caos que está produciendo tanto clásico en España, sino de las consecuencias del partido de ida de Champions. Tras la victoria del Real Madrid en la Copa del Rey, el ambiente se encontraba bastante caldeado. Mientras en Madrid se disfrutaba un título que hacía casi dos décadas que no llegaba al Bernabéu, en Barcelona se quejaban de la dureza con la que se empleaban los jugadores blancos. Mourinho recriminó unas declaraciones de Guardiola, como en él es habitual, y el entrenador culé explotó por primera vez desde que se sienta en el Camp Nou. Los medios se frotaban las manos: “ponemos lo que nos conviene y duplicamos las ventas”. Desgraciadamente, ese es el pensamiento actual de los medios de comunicación.

El Madrid había conseguido ganar al Barça de Guardiola por fin, pese a que para ello hayan tenido que jugar como un equipo pequeño. Si un equipo sale a no perder, sale también a no ganar. Mourinho, tras el 5-0 que se llevó del Camp Nou en noviembre, sabía que al Barça no puede jugarle de tú a tú. Para ello, puso a Pepe en el centro del campo, sacrificando todo tipo de creación de juego, para que el luso fuera un perro de presa, mordiendo la zona de creación culé. La intensidad que pone el central portugués en el campo hace que en muchos casos roce la agresividad en sus acciones. Ejemplo perfecto de un excelente jugador al que su cabeza le pierde en bastantes partidos. El madridismo se sentía invencible. Entendían el sistema de Mou como la criptonita del juego culé. Nada más lejos de la realidad. Equipos como el Almería o el Inter jugaron a encerrarse atrás completamente, poniendo un jugador del estilo de Pepe en el medio del campo. Ambos perdieron en el Camp Nou por 1-0. Ni el equipo culé es invencible, ni el sistema de Mourinho perfecto.

Saltaron los jugadores al césped del Bernabéu. Más calmados que en la final copera, sabiendo que es una eliminatoria a dos partidos. Lass entró por Khedira en el centro del campo blanco y Keita por Iniesta en el culé. El plan del Madrid era el mismo que en los dos clásicos anteriores: defender atrás, presionar, robar el balón y salir al contraataque. El plan de Guardiola varió un poco: tener el balón el máximo posible para dormir el partido y al Madrid, meter a Messi y Keita abiertos entre líneas para romper el cerrojo merengue. Funcionó el plan del Barça. Los azulgrana tocaban y tocaban en la medular hasta que se abriera la puerta. No tenían prisa, ya que el empate al de fuera de casa le vale. El Madrid solo podía correr detrás del balón y eso les mato física y mentalmente. Se llegó al descanso, con Casillas salvando al Madrid -una vez más-.

Los merengues intentaron estirarse algo en la segunda parte con la entrada de Adebayor por Ozil. El togolés presionaba más que el alemán pero el balón seguía siendo culé. En esto llegó la jugada clave del partido. En un balón dividido en la frontal del área blaugrana, Alves fue a despejar y Pepe entró al lateral con la plantilla a la altura de la rodilla. No llegó a tocar a Alves, que una vez más exageró al máximo una acción que no era nada. El alemán Stark señaló falta correctamente y cuando parecía que iba a amonestar a Pepe con una justa tarjeta amarilla, expulsó al central luso. El clamor en contra inundó el Bernabéu y Mourinho también fue expulsado por aplaudir y criticar la acción arbitral. El partido y la eliminatoria se ponía muy a favor culé, y más aún cuando Messi adelantó al Barça tras una jugada de Afellay por la banda. Una puñalada en las aspiraciones blancas, con la cabeza más puesta en lo que diría Mourinho después. Entonces llegó lo mejor de los tres clásicos que llevamos. Una jugada de genio, demostrando que es el mejor jugador del mundo a todo aquel que aún pensará que no. Leo Messi agarró el balón en el medio del campo, hizo una pared con Busquets al estilo pick&roll de baloncesto y dejó atrás a Lass, Albiol, Marcelo y Ramos para batir a Casillas en el mano a mano. Una obra de arte de la que se hablaría, si no estuviéramos pendientes solo de las palabras de Mou, Guardiola o las decisiones de los árbitros. ¿Cuándo llegará la hora de hablar solo de fútbol?

De la penosa rueda de prensa de Mourinho de después no voy a hablar, me avergüenza.

Analicemos los puntos polémicos del tercer round de clásicos:

1. La expulsión de Pepe. Lo justo hubiera sido una tarjeta amarilla. Pero el problema radica en cuándo nadie se pregunta por qué Pepe va hasta el área del Barça, en una jugada sin peligro alguno, a realizar dicha entrada. No llega a dar a Alves y demos gracias. La entrada era muy peligrosa y podría haber tenido consecuencias fatales. Ha influido en la eliminatoria, eso está claro, pero no creo que sea decisiva. El Barça ganó porque fue muy superior a un Madrid perdido, que solo corría tras el balón. Además, ¿no vendían Marca y As que el Madrid jugaba al Barça mejor con diez que con once?

2. Teatro de jugadores. No me gustan los teatreros. Alves finge un plantillazo de Pepe, que probablemente influye en la decisión de Stark. Hasta ahí vale. Se está vendiendo como lamentable las actitudes de Pedro y Busquets, acusándoles de fingir golpes. Creo que Busquets está acusando una acción de la semifinal contra el Inter del año pasado. Un golpe de Motta que mereció la roja, se vio a Sergio mirar desde el suelo mientras se quejaba del dolor. Esta vez, tras un leve manotazo en la cara de Marcelo, el medio del Barça se cayó al suelo quejándose. No creo que fuera un golpe tan fuerte, pero llegar a tachar de “lamentable teatro” un acción en la que ha habido un golpe real me parece un poco absurdo.

Respecto a lo de acusar a Pedro, me parece que se hace sin sentido, dejándose llevar por la tensión del momento y sin argumentos claros. El canario es acusado de teatrero cuando en una contra se marchaba corriendo en dirección a la portería de Casillas. Entonces, Arbeloa, sin otra intención que la de parar a Pedro como sea le placa. El internacional español se queja de un golpe que es obvio. Supongo que se entenderá que es Pedro el que va a por Arbeloa, algo que no entiendo. No veo motivos para esta acusación, salvo el de quejarse por hacer el supuesto teatro más evidente. Excusas absurdas de un equipo que en toda su historia no ha tenido que buscarlas.

Y hablando de teatro, no he oído a nadie acusas a Di María, que provoca una tarjeta a Alves, lanzándose a la piscina. Tampoco he oído acusar a Pedro cuando Marcelo le pisa intencionadamente en el área blanca. Supongo que no conviene quejarse de las cosas que van en contra. Cabeza fría y argumentos veraces evitan estas discusiones sin sentido, que solo sirven para caldear el ambiente. Los medios se quejan solo de lo que les conviene y la afición cae en el error de pensar que es la única verdad absoluta.

3. Salir a no perder es salir a no ganar. Nunca había visto a un equipo, en una semifinal de Champions, tirar el partido de casa saliendo a no perderlo. Se supone que el partido que tienes que ganar para pasar es el de casa, por eso es importante marcar y que no te marquen gol. Pero el Madrid salió a empatar a cero contra el Barça, pensando que en el Camp Nou podrían empatar a más de un gol o ganar. No sé quién habrá ideado ese plan, pero tiene muchas lagunas. Lo peor de todo, es que como lo hace Mou, se le aplaude y se dice que es la manera correcta de jugar. Yo pienso que es de equipo pequeño, de admitir que el Barça es muy superior a ti. Si Pellegrini hubiera salido así en el Bernabéu contra el Barça, estaba en la calle a la hora de acabar el partido. Si lo hace el luso, todos le siguen la bola.

4. Messi. El argentino es el mejor jugador del mundo y punto. La obra de arte que hizo en el segundo gol debería ser el tema de conversación de la semana. Una maravilla verlo jugar. El mejor jugador que he visto en mi vida, y por lo tanto, de la historia, mi historia.

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Messi decide el partido con sus tres goles


Históricamente, los Barça – Atlético son partidos de muchos goles, igualados y rebosantes de emoción. Nada más lejos de la realidad, el duelo entre ambos representaba la diferente situación que viven ambos conjuntos. Los culés son el equipo que mejor fútbol hace en el mundo y los rojiblancos se encuentran en su típico bajón de enero. Los fichajes en el mercado de invierno, los rumores sobre las salidas de sus estrellas, los malos resultados y el pobre juego realizado son un lastre demasiado grande para los madrileños. La incógnita antes del partido era saber cuántos goles anotaría el Barça ante el caos atlético.

Saltan los jugadores al césped de un Camp Nou a rebosar, deseosos de goles y espectáculo. Se han acostumbrado a que ir al campo sea una fiesta constante. El Barça sale con su marcha habitual: tocar hasta amansar al rival. El Atlético intenta mantener el orden y golpear a la contra. En una de ellas, Agüero se marchaba de Piqué, pero el árbitro señaló un dudoso y justo fuera de juego. Fue el único intento rojiblanco de plantar cara, porque ya se empeñó Messi en encarrilar el partido.  El 10 argentino encaró a su par, y aprovechó un choque entre Filipe y Assunçao para adelantar a los azulgranas.

El Barcelona tenía el partido donde lo quería y empezaba expandir sus dominios por terreno rojiblanco. Se encadenan dos ocasiones clarísimas para los culés, una para Messi y otra para Pedro, que se topa con De Gea. Y a la tercera fue la vencida. Un balón rebotado en la defensa atlética, algo que ya no sorprende, lo aprovecha el 10 culé para batir por segunda vez a De Gea.

Tras el gol, el Atlético parecía conformarse e intentaba mantener el orden. No quería más goleadas. Los de Guardiola estaban contentos con el resultado y sabían que al final el balón volvería a entrar.

Así se llegó al descanso y Quique no había tirado la toalla todavía. Sacó a Forlán por Mérida buscando más compañía para un solitario Kun. El Atlético salió con más ganas y eso lo materializó en presencia en área culé. Tuvo una ocasión para meterse de nuevo en el encuentro, pero primero Forlán no acertó al golpear el esférico y Piqué sacó bajo palos el tiro de Filipe. Pero fue un solo espejismo. El Barça se volvió a adueñar del control del partido. Lentamente fue apagando las ilusiones rojiblancas y encerró a los de Quique en su campo, que parecían sentirse cómodos saliendo a la contra, con un Kun más feliz con Forlán al lado.

Cuando los dos equipos estaban contentos con el ritmo del partido, Villa se metió en el área. El 7 mandó el balón hacia la portería antes de golpear al portero rojiblanco en la cara. Godín no pudo sacar el balón del todo y Messi culminó la noche con un hattrick que le sirve para ponerse pichichi.

El partido fue un monologo culé, como se preveía. Los rojiblancos pusieron más orden y colocación que en partidos anteriores, pero no sirvieron para detener el aluvión azulgrana. Pese a que los de Guardiola no jugaron como otras noches, el abismo que hay entre unos y otros sigue siendo indescriptible. El Barça sigue batiendo records y mira a todos desde lo más alto de la clasificación. El Atlético empieza su liga ahora y, aunque parezca algo imposible, su pelea por los puestos Champions. Pero este equipo vive de imposibles.

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Leo Messi consigue su segundo Balón de oro


Lionel Messi es el ganador del FIFA Balón de oro 2010, convirtiéndose en el primer jugador en conseguirlo tras la unión del FIFA World Player y del Balón de Oro de France Football. El argentino del Barça ganó en la votación a Andrés Iniesta y a Xavi Hernández por este orden, ambos compañeros de equipo del 10 culé. Es el segundo Balón de oro de Leo Messi tras conseguir el trofeo el año pasado. Esto le asienta en lo más alto del Olimpo futbolístico, con mucha distancia respecto a los demás. Por mucho que eso le duele a algunos.

Probablemente el hecho de ser el mejor jugador del mundo sin discusión y su excelente campaña el año pasado en el plano goleador han llevado a Messi a tener el segundo esférico dorado en su estantería. Primó más eso que la consecución del Mundial por parte de España, ya que todo lo hecho con el Barça por Messi fue gracias también a Xavi e Iniesta. Los españoles, satisfechos con haber llegado hasta allí, aplaudieron la decisión. Sinceramente, creo que Xavi se lo merecía más. Su estilo de juego es el que reina en el Barça y en la Selección. Sin él, nada de esto sería posible.

No debemos quedarnos con que el ganador sea Messi, ni sacar ese orgullo patrio pensando que los franceses nos odian y no querían que ganáramos. No. Este premio debe quedar como un premio a la excelente filosofía culé. Trabajar un estilo, una idea, desde pequeños a través de La Masía y llevarlo a su máximo esplendor con el primer equipo. El FC Barcelona actual ha demostrado a los demás equipos que la cantera cuenta mucho. Cuando antes solo se compraba fuera y no se apostaba por lo de casa, ahora la moda es sacar canteranos como joyas. Ni la cantera es la única solución, ni es algo a olvidar. Con trabajo y esfuerzo, una pizca de suerte y mucha paciencia se pueden colocar a tres balones de oro en el podio. Tres canteranos que con su juego han entrado en la memoria de millones de personas.

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Pedazos de 2010: Balón de oro


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