Noche de elecciones americanas, Obama-McCain, duelo de titanes. Los dos aspirantes al despacho oval se encontraban ante el día más importante de sus vidas. Todos los ojos del mundo estaban fijados en ellos, aunque el duelo entre los senadores de Illinois y Arizona no era el único duelo importante de la jornada. Allí, en la ciudad de los Beatles, se iban a enfrentar dos grandes equipos con un objetivo común, la clasificación. Atlético y Liverpool se preparaban para una noche mágica de fútbol. Fernando Torres en la grada con la apariencia de un ‘red’ y el corazón rojiblanco, se perdía el segundo partido ante su ex-equipo. Con todo eso, el partido iba a dar comienzo. En el ambiente se notaba noche grande de fútbol, y el ‘kun’ en el banquillo.

El conjunto de Benítez dominaba el encuentro, debido al empuje inicial al que ya nos tienen acostumbrados en su campo. Con el paso del tiempo, el Atlético se asentó y empezó a templar el partido. El Liverpool llevaba peligro al área de Leo Franco, pero el meta y un gran Heitinga, desarbolaban las ocasiones reds. Entonces el equipo colchonero dio el zarpazo. Heitinga mete un balón largo para Antonio López, que con un gran control, llega hasta la línea de fondo. El alicantino levanta la cabeza y ve la incorporación de Maxi, y le sirve el balón. El capitán realiza un gran control, rompe a Carragher y fusila a Reina con un derechazo inapelable. El Atlético tomaba Anfield. Así se llegó al descanso.

La segunda parte comenzaba igual que la primera con un Liverpool volcado y un Atlético conservador. Pese a todo el Atlético, muy seguro en defensa toda la noche, no sufría demasiado. La gran actuación de Assunçao metido entre los centrales fue un as que se guardaba en la manga Javier Aguirre. El partido se desarrolló con un Liverpool que llegaba pero no dañaba a una segura escuadra rojiblanca. Una involuntaria mano de Perea en el área, calentó el ambiente en Anfield. El árbitro, condicionado por el ambiente, no se atrevió a pitar dos claras manos de Mascherano y Carragher en su área. El árbitro Martin Hansson, hizo cierto el dicho, y se hizo el sueco. Esto solo era el principio de la función.

En el último minuto del descuento Gerrard, ‘red’ de corazón, con mas fuerzas que esperanzas salta a pelear un balón con Pernía. El capitán inglés en cuanto nota el contacto se deja caer descaradamente. El árbitro sueco no pitó nada, pero su línea señaló penalti. Anfield estallaba de alegría. Los atléticos se comían al línea con sus protestas. Steven Gerrard engañó a Leo y transformó la pena máxima. El marcador de Anfield señalaba un empate, injusto por la forma en la que se produjo.

El trío arbitral, muy condicionado por la afición ‘red’, actuó de manera errónea en el partido, lo que condicionó el resultado. No voy a criticar una persecución de la UEFA contra el Atlético de Madrid, pero sus aficionados tienen derecho a estar enfadados. Veremos si sanciona el Velodrome de Marsella por las bengalas encendidas en el partido contra el PSV. Esperemos que haya justicia y algo de cordura en la organización que dirige Michel Platini. Los árbitros saben que se equivocaron y que estuvieron condicionados por la afición ‘red’, pero ya se sabe, this is Anfield.

Anfield