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Se presentaba el Espanyol en el Calderón huyendo de una Barcelona culé preparada para celebrar el título de liga y en racha con la victoria en el punto de mira.  Ni uno ni lo otro. Lo primero lo evitó Joseba Llorente. Lo segundo Diego Forlán. Coincidencias del destino que la noche la decidieran dos delanteros que visten o han vestido la camiseta castellonense. Un destino que parecía tener claro que el Espanyol saliera victorioso del domingo. Se alegraron los pericos por el empate en el Camp Nou. Hasta el descanso en el Calderón, la noche era perfecta para ellos. En estas aparecieron Agüero y Forlán, Forlán y Agüero para dinamitar un partido, un equipo, un estadio y una pasión inagotable.

Con el Espanyol se alió Mateu Lahoz. El colegiado valenciano-sorprendente que le designaran para un partido vital para el Valencia- se lio la manta a la cabeza y no acertó en sus decisiones. Su fallo más garrafal fue la expulsión de Luis Perea. El colombiano fue al choque y golpeó fortuitamente a Chica, provocando una brecha en la ceja del defensa espanyolista. El colegiado no pitó falta y cortó el contraataque del Atlético. Al acercarse a ver el estado del defensa, vio la gravedad de la herida y sacó una tarjeta amarilla a Raúl García, bien sabe Dios por qué. Instantes después, expulsó a Perea por agresión. Si alguien tiene alguna explicación coherente a esto, que lo explique por favor.

El Atlético quedó “drogui”. En apenas cinco minutos, el Espanyol asestó dos golpes -casi- mortales al Atlético. En una internada de Iván Alonso por la banda, se marcha de Pernía y el lateral se lanza al suelo derribando al delantero charrúa. El árbitro no pitó penalti y señaló saque de puerta. En estas, su linier le indicó que era pena máxima. El árbitro rectifico y Nené adelantó a su equipo. Dos minutos después, en una falta sacada por el Espanyol, Raúl García rozó el balón con la cabeza, y Jarque introdujo la pelota en la portería de Leo Franco. Cinco minutos después, Agüero es derribado en el área. Penalti clamoroso, menos para el señor Lahoz. Como antes, bien sabe Dios por qué.

0-2. Una parte solo por jugar y con solo 10 jugadores. Sólo el Atleti da la vuelta a esto. Los jugadores buscaban reconciliarse con la afición y salieron con orgullo y con todo lo que les quedaba dentro. En un comienzo arrollador, peleando cada balón como si fuera el último, Forlán se sacó un latigazo que se desvió hacia la derecha de su propia potencia. Imparable. El Atleti creía en el milagro y se lanzó a por él. Adelantó las líneas para hacer el campo más pequeño y hacer que no se note el jugador menos. Pochetino le dio aire al Atleti quitando a De la Peña, que dominó la primera parte a su antojo.

En estas, el Atleti seguía arrollando con casta y buscando el empate. Jugada tras jugada, no llegaba el empate. Entonces, Pernía disparó a puerta, aunque se le fue desviado y el Kun, siempre pillo, empujó la pelota a la red. Gol y delirio en la grada. La gente quería más y llevó a su equipo de la mano hacia la victoria. Pero esta se hizo esperar. En el minuto 93, Forlán anotó el gol de la victoria, gracias a un gran pase de Simao. La gente se volvía loca. El Atleti lo había vuelto a hacer. El milagro llegaba de nuevo al Calderón y la Champions pasará de nuevo por el Manzanares. El Atleti necesita a su gente. Su gente, necesita al Atleti, porque por noches como estas, somos del Atleti.

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