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Madrugada del 15 de junio de 2009. Pau Gasol se echa las manos a la cabeza a falta de segundos para el final. Instantes después salta de emoción junto a sus compañeros celebrando el decimoquinto título de Los Angeles Lakers. Un título que es el triunfo de un sueño. Una ilusión realizada que aúna en ella las fantasías de muchos españoles amantes de este deporte que, como yo, han soñado con este momento. Un sueño que antaño se veía utópico. Ahora se tiñe de realidad, de oro y púrpura.

Este anillo de campeón significa mucho. A Pau le convierte en leyenda viva del deporte español-más si cabe-. A Kobe Bryant le eleva a los altares de este deporte y le consolida como uno de los más grandes. A Phil Jackson le coloca en el Olimpo de los entrenadores como miembro más galardonado. A los Lakers les devuelve la ilusión perdida el año pasado en Boston y el glamour de otro título en sus vitrinas. Todo esto no hubiera sido posible sin el chico de la sonrisa, Magic Johnson.

Los Angeles Lakers son el segundo equipo más laureado de la NBA. Con George Mikan a la cabeza ganaron cuatro anillos al comienzo de la liga, estando el equipo aún en Minneapolis. Los Lakers seguían siendo un equipo poderoso pero chocaban una y otra vez contra los Celtics de Bill Russell. Los angelinos se sentían inferiores a los Celtics y no conseguían derrotarlos. Esto cambió cuando llegó Magic en 1979. Su sonrisa iluminó un equipo, una ciudad y una liga, que le debe mucho. Su rival y amigo Larry Bird lideraba a Boston, lo que significaba la vuelta a la rivalidad. Pero Magic era distinto. Su espíritu ganador y su manera de jugar sirvieron para que los Lakers superaran sus temores y a unos Boston Celtics en la mejor década de baloncesto de la historia. Con Magic todo se veía distinto, más glamuroso, más mágico.

Magic iluminó a los Lakers el camino de la victoria. Les enseño como ganar y lo que es más importante, como ser ganadores. Desde entonces, Los Angeles se ha acercado a Boston en el palmarés de la NBA. Para los Lakers fue un duro golpe las finales perdidas ante Boston. Volvían a reaparecer viejos temores. Este anillo ante Orlando les devuelve la ilusión. Una ilusión forjada con una sonrisa.

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“Creo que es imposible que en el futuro exista otro base de 2,06 que sonría mientras te está humillando”

-James Worthy-

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