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Viernes 16 de octubre de 2009. Doce de la noche. Enciendo el ordenador y abro Mozilla Firefox. Algo normal de una noche cualquiera. Pero, cuando ya el sábado echaba a andar, me entero del fallecimiento de un mito para mí. De un modelo a seguir como periodista. Andrés Montes era, probablemente el mejor narrador de baloncesto del mundo. Pero no quiero centrarme en los hechos ocurridos, quiero ir a lo que un profesional como él significaba para mi, tanto a nivel personal como profesional.

Cuando yo empecé a aficionarme a la mejor liga del mundo, me fascinó el estilo con el que se narraba. Acostumbrado a oir en Telemadrid a José María del Toro o en TVE a José Ángel de la Casa, me llamo la atención aquella pareja de periodistas que decía motes de jugadores que ni me sonaban. ¡Dios, que grandes momentos!. Necesitaba cada día mi ración diaria de NBA. Ellos me enseñaron a amar este deporte. Pero sobre todo, me enseñaron a amar esta profesión y convertirla en mi vocación. Cuando la cabecera sonaba, yo ya estaba preparado para horas de diversión, formación y basket. Eso lo hicistes tú Andrés.

Cuando te fuiste a La Sexta y Antoni dejó de hacer tantos partidos, la nba en Canal+ perdió mucho para mi. La veía, porque vosotros me enseñasteis a amar esta bendita liga, pero no era lo mismo. Tantos años de recuerdos, que vuestras voces eran mas caracteristicas para mí que el balón Spalding naranja.

Me hubiera encantado conocerte Andrés. Eras la voz de un deporte. Esa voz que provocaba mi sueño en clase. Esa voz que se ha apagado pero que tenemos grabada a fuego en nuestro corazones. Me cuesta escribir sobre ti, porque aún pienso que estás con nosotros. Pero sé que en el maravilloso sitio donde estés, estarás leyendo esto y disfrutando de Wilt Chamberlain o Drazen Petrovic. Gracias Andrés por esos momentos mágicos. Gracias por enseñarme el camino de mi vida profesional. Gracias por abrirme los ojos al deporte que adoro. Gracias por todo eso y más. Porque aunque no nos conocieramos, te sentía un amigo más en cada narración. Siempre serás la voz, la voz de mis noches sin dormir. Hasta siempre Andrés. Gracias.

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