No voy a hablar del bochornoso partido en El nuevo Colombino de Huelva. Me niego a recordar uno de los momentos más vergonzosos de la historia rojiblanca-que ya son muchos en la era Gil-. El Atleti llegó a la ciudad onubense con la moral por las nubes tras la gran victoria ante el Sevilla. Salió vapuleado y hundido de allí. Pero, desde hace mucho tiempo, el entrenador no pusó excusas y no defendió a sus jugadores. Quique Sánchez Flores criticó a sus jugadores y expresó que en el próximo partido buscaría jugadores que no le defraudaran más.

El Atleti llegó a Valladolid con la moral en una cajita hecha pedazos. Quique había puesto a los jugadores por los suelos y Cerezo criticó también la actitud de los mismos. 0-4 en Zorrilla y el Atleti parece otro. Pese a lo que dijo en Huelva, Quique no castigó a los jugadores. Muchos periodistas han críticado esto, diciendo que el entrenador se ha bajado los pantalones y no se ha atrevido a sentar a los pesos pesados. Discrepo con esta opinión. No creo que Quique fuera a castigar a nadie, simplemente sacar el orgullo a esos jugadores que se arrastraban por el campo como almas en pena. Surgió el efecto deseado. Simao y Forlán sobre todo demostraron que no son tan malos como se ha dicho.

Pero tampoco tiremos las campanas al vuelo, muy típico del Atleti. Ni en Huelva eramos un equipo de Segunda, ni en Valladolid un equipo de Champions. Paso a paso, por favor. El siguiente, la remontada ante el Recre en Copa. Desde mi humilde punto de vista creo que el equipo necesita al Vicente Calderón en todo su esplendor. Como diría Obama, Yes, We can. Somos el Atleti, quien diría que no.

PD: Lo siguiente, un análisis de Salvio y Tiago, fichajes invernales rojiblancos.