“El Atleti es el Pupas”. Esa frase de Vicente Calderón pesará siempre en nuestra historia, mínimo hasta que dejemos de creernosla. Necesitamos olvidar esa cita. Todo el mundo que conoce algo del Atleti, sabe que con este equipo todo es posible. Pero, desde aquella frase, parece que solo nos pasan cosas malas. Me resigno a pensar en eso. Creo que nos pasan cosas malas porque la gestión es penosa. Pero la afición necesita hacerse el arakiri, necesitamos sufrir siempre. Y sufrimos casi siempre. El Atleti nos mata, pero nos da la vida. Porque sufrimos mucho, pero luchamos con corazón por sobreponernos al sufrimiento. Y lo conseguimos. Sufrimos por sentimiento hacia unas rayas rojas y blancas, con la esperanza de que la gloria nos llegue, como lo hacía antes de que el mejor presidente de nuestra historia dijera aquella frase.

El Atleti hace díficil lo fácil y lo imposible, posible. Nadie pensaba que el Atleti, tras el fracaso del Colombino en Copa, remontara. Luchó y salió como un Mihura en Las Ventas. Hizo el trabajo en 60 minutos. 4-0 y tranquilos, a disfrutar con la afición. Pero, ¿para qué le sirve al Atleti ganar comodamente? La maldición del Pupas se introdujó en Assunçao. El portugués regaló un gol propio de la educación primaria y dos minutos fue explusado por una rigurosa amarilla. El Atleti en dos minutos se veía eliminado y con uno menos. Pero cuando solo queda el milagro, el Atleti lo consigue. Simao dió el pase a cuartos, con una falta digna del gran Milinko Pantic. Fantástico. El Atleti lo ha vuelto hacer. La gente siente que esa copa puede ser suya. Irán a muerte a por ella.

Pero no contentos con ello, el Atleti volvió a amagar con un infarto a sus fieles. El partido ante el Sporting de liga se antojaba como una piedra clave para escalar puestos. Forlán recuperó su juego y gol, adelantó al Atleti al cuarto de hora. La gente presentía que el partido iría de lujo. Pero Asenjo erró en una alocada salida (¿La maldición del Pupas?) y cometió penalti. El Sporting empató y dominaba. Pero en la segunda parte, Kun sacó su magia. Empezó a arrollar a la defensa del Sporting con regates y velocidad. Se mereció el gol y más aún un contrato vitalicio de rojiblanco. Prefiero vender a todos y jugar con Kun y canteranos. Es el mejor, es la mitad del escudo. En estas, Assunçao se redimió y adelantó a los rojiblancos de nuevo. La maldición del Pupas volvió y Forlán se lesionó el tobillo. Esguince, aunque nada grave. Estará en Copa. Salió Ibrahima, canterano rojiblanco. Da gusto ver como empiezan a salir canteranos. Me hace tan feliz. Y más al ver que el chico marcó el tercer gol. Se volvió loco. Cumplió el sueño de muchos. Pero el Atleti es el Atleti. Tiene que sufrir per-se. En el último minuto, el Sporting recortó distancias. Pero los rojiblancos están en la nueva década, la del resurgimiento. Al final, los tres puntos al saco rojiblanco, la esperanza de que Europa es posible y las ganas de olvidar, por fín, una frase, una maldición.

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