Salto la sorpresa. Los New Orleans Saints se proclamaron campeones de la edición XLIV de la Super Bowl. De la mano de su ‘quarterback’ Drew Brees, los Saints ganaron, y claramente, a los Indianapolis Colts de uno de los mejores jugadores de todos los tiempos, Peyton Manning. 31-17 fue el resultado final. New Orleans es feliz de nuevo, tras la catástrofe del Katrina. Por primera vez en su historia los Saints llegaron al Olimpo del fútbol americano.

Fue un buen partido, pero es cierto que los he visto mejores. Al principio los Saints parecían acobardados por el encuentro y el ambiente. La presión de no haber disputado nunca una Super Bowl en su historia pesaba mucho. Esto lo aprovechó Manning y sus Colts, poniendose por delante en el marcador. 0-10 nada más comenzar. Parecía que Indiana tendría su segundo trofeo Vince Lombardi en cuatro años.

Entonces apareció el genio. Drew Brees comandó de manera espectacular a su equipo para remontar el partido. Brees ganó el duelo particular a Manning, un cuatro veces MVP y mito del deporte americano. Alguno le colocan a la altura de Joe Montana, mejor quarterback de la historia. No llegaré a ese extremo, pero la capacidad de lectura ofensiva de Manning es simplemente brillante. Aunque esta vez, Brees tuvo más luz. Realizo un partido casi perfecto, igualando un record de Tom Brady, quarterback de los New England Patriots, de más pases completos en el partido. Tenía que rendir así para vencer al mito.

El partido se igualaba. El ataque de los Colts no sumaba y a los Saints les subía la moral como la espuma. En esto llegabamos casi al final. Muchos vislumbraban una prórroga. La defensa de los de Lousiana lo impidió. Un pase interceptado a Manning, con su correspondiente touch-down, hizo que New Orleans se fuera en el marcador y asegurara un anillo, el primero en sus históricas y pobres vitrinas. 31-17 fue el resultado final. Drew Brees se convirtió en el MVP de la LXIV Super Bowl. Pero lo más importante de ese hito deportivo, no es el trofeo MVP, ni siquiera el Vince Lombardi; es la superación de una ciudad arrasada por el Katrina, que ha vuelto a resurgir. Ha llegado al cielo, y como no, de la mano de sus Saints. Enhorabuena New Orleans.