Hace diez minutos que estoy delante de la pantalla sin saber que decir. La razón es el partido del Barça contra el Arsenal. 4-1 con cuatro goles de Leo Messi. Llevo ese tiempo pensando en el menudo jugador argentino. Es el mejor jugador que he visto en mi vida. No vi a Pelé, ni a Maradona, ni a Cruyff. Al igual que Jordan, el 10 azulgrana se ha ganado un hueco en mi memoria. Esa memoria que dirá a mis nietos que yo vi a Jordan ganar el sexto anillo y que vi a Leo Messi jugar como lo harían los dioses del Olimpo. Y todo empezó en un bar de Barcelona…

Leo nació en Rosario, Argentina. Desde pequeño su pie estaba cosido a un balón, aunque como los de la mayoría de niños. Sus entrenadores empezaron a vislumbrar su talento innato y, rápidamente, Newell’s Old Boys le incorporó a su cantera. Jugaba con chavales mayores que él, pero como ahora, pasa por encima de cualquiera. Entonces, explotó la bomba que pudo dejarnos sin su juego. A Lionel se le detectó un problema con la hormona del crecimiento. Su cuerpo no crecía correctamente. El tratamiento era muy caro y su familia, como la gran parte de las familias, no podía permitirse ese “lujo”. Gracias a su padre y su trabajo en Hacienda consiguieron pagarlo durante dos años. Mas adelante, en un principio Newell’s aceptó a pagarlo. Leo se pinchaba un sustitutivo de la hormona en los músculos. Entonces, Newell’s dejó de pagar las facturas del tratamiento. Dejaba tirado a Leo por el alto coste del mismo. Parecía el fin de la carrera del rosarino. Sus padres hablaron con la gran mayoría de los clubes argentinos. Estos dijeron que Leo era muy bueno, pero no a ese precio. No querían pagar nada. Me preguntó cuantos se estarán tirando de los pelos ahora mismo.

Entonces apareció Josep Maria Minguella. Al agente de futbolistas catalán le habían hablado de un genio de Rosario que no podía crecer pero que maravillaba con el balón. Viendo la enorme calidad del chico, habló con Charli Rexach, entonces director técnico del FC Barcelona. Este aceptó poner a prueba a Leo Messi. Nada más verlo, Rexach dijo que se quedaba, que había que ficharlo de cualquier manera. Aunque aún quedaban flecos por resolver, ya que muchos directivos no querían arriesgarse a fichar a un joven argentino viendo la deplorable situación del primer equipo. Querían una solución ya y no veían a Leo en ella.

La espera hizo que Leo y su padre se pensarán el volver a Argentina. Entonces Rexach, para tranquilizar a la familia, firmó en una servilleta de un bar de la ciudad condal el primer contrato de Leo Messi con el Barça. Esas servilletas que no absorben el liquido pero que bien valen el contrato del mejor jugador del mundo. Gracias al Barça, Leo pudo tener su tratamiento y le ha devuelto al club ese agradecimiento con creces. Una historia que ya es bien sabida y que solo va por la segunda página.

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