Se acerca el gran momento. Dos equipos con un mismo destino. Lakers y Celtics. Glamour contra tradición. Su destino, el anillo. Están destinados a enfrentarse en el partido decisivo. Y eso les encanta. Se odian, pero se necesitan. Boston anhelaba volver a tener tiempos de gloria. Los Angeles necesitaba enfrentarse otra vez a su némesis. Se pueden ganar títulos contra otros equipos, pero hacerlo contra tu máximo rival es algo indescriptible. Esta noche empieza la batalla en el Staples Center, LA. Bienvenidos a las finales de la NBA.

La historia de estos dos equipos es más de la mitad de la historia de la NBA. Son los dos equipos más laureados, con bastante diferencia. Por sus filas pasaron jugadores como Magic Johnson, Larry Bird, Kareem Abdul-Jabbar, Bill Russell, Wilt Chamberlain, Bob Cousy, Jerry West, Kevin McHale, … Podría tirarme un buen rato citando a la pléyade de leyendas que defendieron estos colores. Esta noche tendremos a varios jugadores que pasarán a la leyenda de ambos equipos, pero si tuviera que destacar dos serían Paul Pierce y Kobe Bryant. El primero ha sufrido en un equipo legendario que daba tumbos por la parte baja de los playoffs. Se rumoreaba constantemente su salida, y cuando todo parecía indicar que se marchaba, le traen a Ray Allen y Kevin Garnett. Anillo en el primer año juntos y contra Lakers. Pierce se convertía en el MVP de las finales y pasaba a ser un mito para los orgullosos verdes. Se lo merece más que nadie, porque es muy díficil ser una superestrella y quedarse en tu equipo cuando todo sale mal. Ama esos colores, pese a haber crecido en Los Angeles, al lado del pabellón laker. Pierce es sin duda, el alma de los Celtic.

El alma, el corazón, el talento de los Lakers es Kobe Bryant. El mejor jugador del mundo y, probablemente uno de los cinco mejores de la historia. Nadie dudará que Bryant es un ganador. El escolta de Philadelphia ganó tres anillos con Shaq, dominando por completo la liga. Cuando se quedó solo en LA se empeñó en ganar otro título él solo. Eso no se puede. Aprendió a jugar en equipo y se convirtió en un jugador más inteligente. La llegada de Pau Gasol le dió lo que le faltaba para llegar de nuevo a la gloria. Ese año llegaron a las finales, que perdieron contra Boston. En el primer año completo juntos, Lakers barrió a sus rivales y derrotó a Orlando en la final. Kobe tenía otro anillo, había demostrado que puede ganar sin Shaq. Ahora quiere repetir y, sobre todo, vengarse de Boston. La final que todo el mundo deseaba. Dos estilos. Dos historias. Dos destinos entre cruzados. Un mismo objetivo: Ganar.

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