Me voy a poner un poco sentimental. Todos tendemos a imaginar un mundo mejor, a soñar con imposibles a la espera de su conversión en realidad. “Mis sueños son mentiras que algún día dejarán de serlo” dice una canción. No veo mejor manera de representar las ganas del ser humano por mejorar, ya sea como persona o económicamente.

Muchas veces la realidad se topa con nuestros sueños y nos estrella contra el suelo sin que lo esperemos. Son cosas de la vida. Para algunas personas no vale la pena soñar con imposibles, prefieren vivir sin alegría sus vidas a estrellarse con la realidad. Pero eso no está bien, sueña amigo mío. El sueño es una válvula de escape de nuestras monótonas vidas hacia una utopía paradisíaca que anhelamos alcanzar. Por más que te digan que esos sueños son imposibles, sigue soñando amiga mía.

Da igual que sueñes con el premio gordo de una lotería o con el fichaje de un jugador por tu equipo preferido. Da igual que sueñes con la paz mundial o con dejar ese trabajo que te mata. Da igual que sueñes con que se encuentre la cura del SIDA o con salir de fiesta hasta que tu cuerpo diga basta. Da igual que sueñes con la venganza o con obtener el perdón. Da igual que sueñes con viajar en el tiempo para cambiar tus errores o con poder parar el reloj en ese instante que marca tu vida. Da igual que sea con escapar de  esa situación que te mata lentamente o con enamorar a esa persona por la que tu corazón arde. Da igual el motivo. Sueña amigo mío, porque si no sueñas, nada se cumplirá.