El periodista se debe a sus lectores, oyentes o espectadores. Para ello debe informar con veracidad y objetividad, sabiendo exactamente lo que está contando. Algo tan simple como esto no ocurre siempre. Lo que debería ser conditio sine qua non en todas las redacciones, se queda a un lado cuando los intereses partidistas o económicos priman más que la propia información.

Existen millones de casos donde la información supuestamente contrastada fue publicada a bombo y platillo, para más tarde quedar demostrada su falsedad. No hay rectificaciones por parte del medio. “El público creyó lo primero y olvidará que mentimos” será el pensamiento que pase por la cabeza de los directores. El público no es tonto y se cansará de ver manipulaciones y falsedades en sus medios. El rumor no es noticia.

La prensa deportiva española es un gran ejemplo para demostrar la manipulación de la información que realizan nuestros medios. Según la línea editorial que marque el periódico, se publicarán unos contenidos u otros. Estos contenidos deberán ser redactados a favor de la línea editorial, manipulando los datos u omitiendo los mismos. Estas dos frases están en todo libro de estilo de los periódicos deportivos de este país.

Se ataca a todo personaje que ose enfrentarse con los protegidos del periódico. Se calumnia y se le realiza un linchamiento público con el fin de desestabilizarlo. Incluso, por conceder una entrevista a otro medio rival, se arremete contra él, hasta que se consigue la exclusiva en su periódico. Este no es el camino que debe seguir la prensa en España. El público exige sinceridad, sin ningún trasfondo partidista.

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