Históricamente, los Barça – Atlético son partidos de muchos goles, igualados y rebosantes de emoción. Nada más lejos de la realidad, el duelo entre ambos representaba la diferente situación que viven ambos conjuntos. Los culés son el equipo que mejor fútbol hace en el mundo y los rojiblancos se encuentran en su típico bajón de enero. Los fichajes en el mercado de invierno, los rumores sobre las salidas de sus estrellas, los malos resultados y el pobre juego realizado son un lastre demasiado grande para los madrileños. La incógnita antes del partido era saber cuántos goles anotaría el Barça ante el caos atlético.

Saltan los jugadores al césped de un Camp Nou a rebosar, deseosos de goles y espectáculo. Se han acostumbrado a que ir al campo sea una fiesta constante. El Barça sale con su marcha habitual: tocar hasta amansar al rival. El Atlético intenta mantener el orden y golpear a la contra. En una de ellas, Agüero se marchaba de Piqué, pero el árbitro señaló un dudoso y justo fuera de juego. Fue el único intento rojiblanco de plantar cara, porque ya se empeñó Messi en encarrilar el partido.  El 10 argentino encaró a su par, y aprovechó un choque entre Filipe y Assunçao para adelantar a los azulgranas.

El Barcelona tenía el partido donde lo quería y empezaba expandir sus dominios por terreno rojiblanco. Se encadenan dos ocasiones clarísimas para los culés, una para Messi y otra para Pedro, que se topa con De Gea. Y a la tercera fue la vencida. Un balón rebotado en la defensa atlética, algo que ya no sorprende, lo aprovecha el 10 culé para batir por segunda vez a De Gea.

Tras el gol, el Atlético parecía conformarse e intentaba mantener el orden. No quería más goleadas. Los de Guardiola estaban contentos con el resultado y sabían que al final el balón volvería a entrar.

Así se llegó al descanso y Quique no había tirado la toalla todavía. Sacó a Forlán por Mérida buscando más compañía para un solitario Kun. El Atlético salió con más ganas y eso lo materializó en presencia en área culé. Tuvo una ocasión para meterse de nuevo en el encuentro, pero primero Forlán no acertó al golpear el esférico y Piqué sacó bajo palos el tiro de Filipe. Pero fue un solo espejismo. El Barça se volvió a adueñar del control del partido. Lentamente fue apagando las ilusiones rojiblancas y encerró a los de Quique en su campo, que parecían sentirse cómodos saliendo a la contra, con un Kun más feliz con Forlán al lado.

Cuando los dos equipos estaban contentos con el ritmo del partido, Villa se metió en el área. El 7 mandó el balón hacia la portería antes de golpear al portero rojiblanco en la cara. Godín no pudo sacar el balón del todo y Messi culminó la noche con un hattrick que le sirve para ponerse pichichi.

El partido fue un monologo culé, como se preveía. Los rojiblancos pusieron más orden y colocación que en partidos anteriores, pero no sirvieron para detener el aluvión azulgrana. Pese a que los de Guardiola no jugaron como otras noches, el abismo que hay entre unos y otros sigue siendo indescriptible. El Barça sigue batiendo records y mira a todos desde lo más alto de la clasificación. El Atlético empieza su liga ahora y, aunque parezca algo imposible, su pelea por los puestos Champions. Pero este equipo vive de imposibles.

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