Esta semana ha salido a la luz una carta firmada por diferentes socios, abonados y accionistas del Atlético de Madrid, algunos de ellos descendientes de mitos rojiblancos. En este documento plasman sus críticas a la manera de llevar el club por parte de los actuales dirigentes y claman por un cambio llamando a la unión de los rojiblancos. La plataforma se ha denominado como “Atléticos por el cambio” y piden la colaboración de todos los seguidores que crean que el club necesita un cambio de rumbo.

Es de aplaudir la propuesta, por el mero hecho de intentar unir a los seguidores, cada año más cansado de los dueños, bajo una misma voz. Las miradas ya no van dirigidas a los jugadores o al entrenador, ahora el palco es el objetivo. La afición no poseerá el mayor paquete accionarial, pero el club es suyo. Más que nada porque sin nosotros no son nada. El doblete apagó un poco el incendio, pero las últimas derrotas, rumores y malas gestiones han avivado.

La carta del cambio tiene claros y oscuros. Es de agradecer que se intente unir a los atléticos para que todos rememos en la misma dirección. Pero tampoco esta carta aporta unos datos claros para críticar como critican la política del club. No creo que seamos un agencia de compra-venta de jugadores, ni que tampoco la deuda sea tan grande. Todos los clubes de España están en la misma situación, salvo el Real Madrid y el FC Barcelona y su mundo imposible. Que los dos grandes sean más poderosos no es una excusa para los rojiblancos. Villarreal o Valencia demuestran que con saber hacer las cosas, el futuro no es tan malo. Solo se necesita saber un poco de fútbol y sentido común.

Confío en el cambio, pero no total. Me sobra Gil Marín, porque está más pendiente de agradar a sus amigos agentes de jugadores que en hacer las cosas como se deben. A veces parece que le faltan los bemoles de su padre. Me sobra Pitarch desde que llegó, asi que no añadiré nada más sobre este pseudo director deportivo. Pero no me sobra Cerezo. Le planta cara a Gil Marín, intenta actuar como el presidente que es y es el único que da la cara tras los fracasos del equipo. Si el presidente obtuviera todo el poder sobre el equipo y el consejero delegado solo quedara como mayor accionista, el camino a seguir por el Atlético estaría más claro. Una línea fija a seguir sin baches ni curvas en el camino.