Cuando ocurre una catástrofe de la magnitud del terremoto ocurrido en Japón, el ser humano se pregunta el porqué ha ocurrido semejante fenómeno y si hubiera sido posible evitarlo. Si la catástrofe es de carácter natural como en este caso, solo podemos pensar en si hubiéramos podido sufrir unas consecuencias menos devastadoras. Lástima que todo esto llega tarde y numerosas personas han pagado con sus vidas los errores de otros.

La desolación invade Japón, pero los peligros no han terminado para el país del sol naciente. La destrucción que ha dejado tras de sí el tsunami ha provocado el deterioro de las centrales nucleares costeras niponas. El caso más grave lo encontramos en Fukushima I, que tiene seis reactores nucleares muy dañados. El peligro de otro caso como Chernobyl planea sobre el cielo japonés, la alarma y el pánico invaden el mundo entero.

Ante tal dilema, y observando las consecuencias del uso de energía nuclear, deberíamos preguntarnos si es necesario pagar ese precio por dicha energía. El retraso en la búsqueda de nuevas fuentes energéticas renovables, debido sobre todo al poder económico de las petroleras, ha alargado la vida activa de estas centrales. Una energía importante en el pasado pero cuyas peligrosas secuelas deberíamos dejar de sufrir.

Los países occidentales, temiendo que la crisis nuclear les salpique también, han apresurado a informar de la revisión de su programa nuclear. Alemania va a proceder al cierre de algunas de sus centrales y España revisará la seguridad de todas ellas. Si eso es suficiente lo dictará el paso de los años. Esperemos que no haya que perder más vidas para abrir los ojos ante un problema como este.

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