Existe un pensamiento que inunda la cabeza de todos los estudiantes universitarios cuando sus carreras están a punto de llegar a su fin: ¿ahora qué? El dilema acerca de un futuro con muchas nubes y pocos claros ocupa los pensamientos de estos jóvenes, que sabiendo que la única manera de crecer es trabajando en su campo. Hartos de la teoría de las facultades abrazan las prácticas en cualquier sitio como si fuera la panacea. Da igual que las condiciones ofrecidas sean lamentables, urge ganar horas de práctica al precio que sea.

Las empresas se aprovechan, conociendo la debilidad de los estudiantes y su disposición a trabajar por lo que sea. Ofrecen peor condiciones por contrato, excusándose en la actual situación económica mundial. Una cosa son los recortes económicos, que sus poderosos sueldos de ejecutivos ni huelen de cerca, y otra muy distinta el abuso de poder y el maltrato laboral que ofertan a los inoperantes becarios.

La actual situación mundial, acuciada por la citada crisis económica, no favorece a la recuperación laboral ni a que se acabe el abuso que sufren los becarios por parte de las empresas. Desgraciadamente sueldos ínfimos por trabajos profesionales van a seguir siendo la orden del día durante cierto tiempo.

Augurar una solución en este caso es ardua tarea. Miles de conflictos e intereses convergen para entrelazar una maraña de cables que ahogan la situación laboral de los jóvenes en este país. Unos jóvenes que deben levantarse contra el empresario opresor, exigiendo medidas dignas por trabajos idém y una serie de leyes que regulen el trato y condiciones ofertadas por las empresas. Solo dejando un poco de lado los intereses de cada uno se llegará a una solución beneficiosa para todos, que solo puede depararnos un futuro más preparado e ilusionante.

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