Ya van tres clásicos y la situación es cada vez más tensa. Los nervios están a flor de pie, los protagonistas estallan con declaraciones que vuelan por puente aéreo de Madrid a Barcelona y viceversa. Como Estados Unidos y la URSS durante medio siglo, vivimos una situación de guerra fría en la que ambas potencias pueden autodestruirse en cualquier momento. No hablamos de una destrucción total, sino de una destrucción de relaciones. La prensa de uno y otro bando, culpable en gran parte de lo ocurrido, busca hacer sangre, malmetiendo contra los protagonistas e intentando desestabilizar al contrario de la manera que sea. Se han perdido las formas, la educación y el buen hacer del profesional. Ahora importa más defender a Mourinho o Guardiola, digan lo que digan para no perder exclusivas, que informar a la audiencia con veracidad sin llevar debajo la camiseta del algún equipo. Y aún nos queda un partido, la vuelta de Champions del Camp Nou puede servir para apagar este incendio mediático o avivarlo hasta límites insospechados.

Pero no quiero hablar del caos que está produciendo tanto clásico en España, sino de las consecuencias del partido de ida de Champions. Tras la victoria del Real Madrid en la Copa del Rey, el ambiente se encontraba bastante caldeado. Mientras en Madrid se disfrutaba un título que hacía casi dos décadas que no llegaba al Bernabéu, en Barcelona se quejaban de la dureza con la que se empleaban los jugadores blancos. Mourinho recriminó unas declaraciones de Guardiola, como en él es habitual, y el entrenador culé explotó por primera vez desde que se sienta en el Camp Nou. Los medios se frotaban las manos: “ponemos lo que nos conviene y duplicamos las ventas”. Desgraciadamente, ese es el pensamiento actual de los medios de comunicación.

El Madrid había conseguido ganar al Barça de Guardiola por fin, pese a que para ello hayan tenido que jugar como un equipo pequeño. Si un equipo sale a no perder, sale también a no ganar. Mourinho, tras el 5-0 que se llevó del Camp Nou en noviembre, sabía que al Barça no puede jugarle de tú a tú. Para ello, puso a Pepe en el centro del campo, sacrificando todo tipo de creación de juego, para que el luso fuera un perro de presa, mordiendo la zona de creación culé. La intensidad que pone el central portugués en el campo hace que en muchos casos roce la agresividad en sus acciones. Ejemplo perfecto de un excelente jugador al que su cabeza le pierde en bastantes partidos. El madridismo se sentía invencible. Entendían el sistema de Mou como la criptonita del juego culé. Nada más lejos de la realidad. Equipos como el Almería o el Inter jugaron a encerrarse atrás completamente, poniendo un jugador del estilo de Pepe en el medio del campo. Ambos perdieron en el Camp Nou por 1-0. Ni el equipo culé es invencible, ni el sistema de Mourinho perfecto.

Saltaron los jugadores al césped del Bernabéu. Más calmados que en la final copera, sabiendo que es una eliminatoria a dos partidos. Lass entró por Khedira en el centro del campo blanco y Keita por Iniesta en el culé. El plan del Madrid era el mismo que en los dos clásicos anteriores: defender atrás, presionar, robar el balón y salir al contraataque. El plan de Guardiola varió un poco: tener el balón el máximo posible para dormir el partido y al Madrid, meter a Messi y Keita abiertos entre líneas para romper el cerrojo merengue. Funcionó el plan del Barça. Los azulgrana tocaban y tocaban en la medular hasta que se abriera la puerta. No tenían prisa, ya que el empate al de fuera de casa le vale. El Madrid solo podía correr detrás del balón y eso les mato física y mentalmente. Se llegó al descanso, con Casillas salvando al Madrid -una vez más-.

Los merengues intentaron estirarse algo en la segunda parte con la entrada de Adebayor por Ozil. El togolés presionaba más que el alemán pero el balón seguía siendo culé. En esto llegó la jugada clave del partido. En un balón dividido en la frontal del área blaugrana, Alves fue a despejar y Pepe entró al lateral con la plantilla a la altura de la rodilla. No llegó a tocar a Alves, que una vez más exageró al máximo una acción que no era nada. El alemán Stark señaló falta correctamente y cuando parecía que iba a amonestar a Pepe con una justa tarjeta amarilla, expulsó al central luso. El clamor en contra inundó el Bernabéu y Mourinho también fue expulsado por aplaudir y criticar la acción arbitral. El partido y la eliminatoria se ponía muy a favor culé, y más aún cuando Messi adelantó al Barça tras una jugada de Afellay por la banda. Una puñalada en las aspiraciones blancas, con la cabeza más puesta en lo que diría Mourinho después. Entonces llegó lo mejor de los tres clásicos que llevamos. Una jugada de genio, demostrando que es el mejor jugador del mundo a todo aquel que aún pensará que no. Leo Messi agarró el balón en el medio del campo, hizo una pared con Busquets al estilo pick&roll de baloncesto y dejó atrás a Lass, Albiol, Marcelo y Ramos para batir a Casillas en el mano a mano. Una obra de arte de la que se hablaría, si no estuviéramos pendientes solo de las palabras de Mou, Guardiola o las decisiones de los árbitros. ¿Cuándo llegará la hora de hablar solo de fútbol?

De la penosa rueda de prensa de Mourinho de después no voy a hablar, me avergüenza.

Analicemos los puntos polémicos del tercer round de clásicos:

1. La expulsión de Pepe. Lo justo hubiera sido una tarjeta amarilla. Pero el problema radica en cuándo nadie se pregunta por qué Pepe va hasta el área del Barça, en una jugada sin peligro alguno, a realizar dicha entrada. No llega a dar a Alves y demos gracias. La entrada era muy peligrosa y podría haber tenido consecuencias fatales. Ha influido en la eliminatoria, eso está claro, pero no creo que sea decisiva. El Barça ganó porque fue muy superior a un Madrid perdido, que solo corría tras el balón. Además, ¿no vendían Marca y As que el Madrid jugaba al Barça mejor con diez que con once?

2. Teatro de jugadores. No me gustan los teatreros. Alves finge un plantillazo de Pepe, que probablemente influye en la decisión de Stark. Hasta ahí vale. Se está vendiendo como lamentable las actitudes de Pedro y Busquets, acusándoles de fingir golpes. Creo que Busquets está acusando una acción de la semifinal contra el Inter del año pasado. Un golpe de Motta que mereció la roja, se vio a Sergio mirar desde el suelo mientras se quejaba del dolor. Esta vez, tras un leve manotazo en la cara de Marcelo, el medio del Barça se cayó al suelo quejándose. No creo que fuera un golpe tan fuerte, pero llegar a tachar de “lamentable teatro” un acción en la que ha habido un golpe real me parece un poco absurdo.

Respecto a lo de acusar a Pedro, me parece que se hace sin sentido, dejándose llevar por la tensión del momento y sin argumentos claros. El canario es acusado de teatrero cuando en una contra se marchaba corriendo en dirección a la portería de Casillas. Entonces, Arbeloa, sin otra intención que la de parar a Pedro como sea le placa. El internacional español se queja de un golpe que es obvio. Supongo que se entenderá que es Pedro el que va a por Arbeloa, algo que no entiendo. No veo motivos para esta acusación, salvo el de quejarse por hacer el supuesto teatro más evidente. Excusas absurdas de un equipo que en toda su historia no ha tenido que buscarlas.

Y hablando de teatro, no he oído a nadie acusas a Di María, que provoca una tarjeta a Alves, lanzándose a la piscina. Tampoco he oído acusar a Pedro cuando Marcelo le pisa intencionadamente en el área blanca. Supongo que no conviene quejarse de las cosas que van en contra. Cabeza fría y argumentos veraces evitan estas discusiones sin sentido, que solo sirven para caldear el ambiente. Los medios se quejan solo de lo que les conviene y la afición cae en el error de pensar que es la única verdad absoluta.

3. Salir a no perder es salir a no ganar. Nunca había visto a un equipo, en una semifinal de Champions, tirar el partido de casa saliendo a no perderlo. Se supone que el partido que tienes que ganar para pasar es el de casa, por eso es importante marcar y que no te marquen gol. Pero el Madrid salió a empatar a cero contra el Barça, pensando que en el Camp Nou podrían empatar a más de un gol o ganar. No sé quién habrá ideado ese plan, pero tiene muchas lagunas. Lo peor de todo, es que como lo hace Mou, se le aplaude y se dice que es la manera correcta de jugar. Yo pienso que es de equipo pequeño, de admitir que el Barça es muy superior a ti. Si Pellegrini hubiera salido así en el Bernabéu contra el Barça, estaba en la calle a la hora de acabar el partido. Si lo hace el luso, todos le siguen la bola.

4. Messi. El argentino es el mejor jugador del mundo y punto. La obra de arte que hizo en el segundo gol debería ser el tema de conversación de la semana. Una maravilla verlo jugar. El mejor jugador que he visto en mi vida, y por lo tanto, de la historia, mi historia.

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