Fin al culebrón del verano: Sergio Agüero jugará durante las cinco próximas campañas en el Manchester City a razón de casi nueve millones de euros por cada una de ellas. El conjunto citizen pagará 45 millones de euros al Atlético de Madrid por hacerse con los servicios del delantero argentino. Con esta operación el único beneficiado parece ser el City, que consigue uno de los diez mejores jugadores del mundo, ya que tanto Atlético como Kun no consiguen lo que querían. El Atlético vende a Kun, saca el dinero de su cláusula y el ’10’ argentino no ficha por el Real Madrid. El problema es ese mismo, vender a Kun. Agüero, pese a insistir en su felicidad y su interés desde el principio por fichar por los citizens, no consiguió lo que quería, ir al Madrid o al Barça.

Ya que todo -parece- acabado, toca reflexionar sobre el por qué de la situación, cómo se ha llegado hasta este punto y cómo evitarlo en un futuro. Siempre he reconocido que Kun es el jugador que más me ha hecho disfrutar sobre un terreno de juego. Sin duda, el mejor jugador que yo haya visto vestido de rojiblanco. Por eso, quizás me duelen más sus formas que su marcha en si. El comunicado emitido por el propio jugador el pasado 23 de mayo en su página web mostraba su idea “irrevocable” de abandonar el club colchonero. Tras cinco años siendo el niño de los ojos del Vicente Calderón, Agüero decidió volar del nido. Ni los dirigentes atléticos, ni el propio Kun han sabido manejar una situación de tal magnitud. El amor que se la ha profesado a Kun durante tantos años se ha roto por palabras descorteses y gestos desagradecidos.

El delantero argentino se encontraba en el santoral rojiblanco a la altura de mitos como Fernando Torres, pero en los últimos dos meses se ha lanzado desde el cielo hasta el mundo terrenal. A muchos, incluso, no les disgustaría verle arder en el infierno. Con el tiempo, la situación se enfriará, no se olvidarán los malos gestos pero primarán antes los grandes momentos, que fueron, afortunadamente, mayoría.