Cuando la presión apremia, la toma de decisiones se convierte en una tarea complicada, donde el éxito o el fracaso penden de un hilo muy fino. Para muchos, el verdadero rasero para medir las capacidades de una persona es verlo trabajar bajo presión. El mundo del deporte no se salva de esta premisa. Un jugador capacitado para aumentar sus prestaciones en los minutos decisivos o técnicos de equipos que tienen que llegar a la orilla en un mar de deudas son joyas de un gran valor deportivo y económico.

El acierto en las acciones importantes del equipo marca el devenir futuro del mismo. Acertar en un fichaje o en un entrenador puede suponer crecer más por temporada, tanto en el aspecto financiero como en el deportivo. Es una ecuación sencilla: a mejores jugadores, más éxitos y por lo tanto más dinero para invertir y volver a empezar el ciclo. Algo básico a la hora de empezar un proyecto deportivo, cuya vida en el tiempo se verá influenciada por ello, es la cantidad de errores necesarios para romper el

círculo. Imposible de saber o calcular, de ahí el valor de ese grupo de elegidos capaces de trabajar en esas circunstancias.

Un ejemplo claro de ello es la sección de baloncesto del Real Madrid. Sus vitrinas están llenas de trofeos, cubiertos por el polvo, muestra de un exitoso y lejano pasado.

La incapacidad de crear un proyecto serio en los últimos años y el error al contratar jugadores ha dejado sombras en cuanto al futuro de la sección se refiere.

Económicamente el poderío del Real Madrid es superior al de la gran mayoría de sus rivales, por lo que no es una excusa la falta de crédito a la hora de acometer fichajes de renombre. Lazaros Papadopoulos es el ejemplo perfecto para demostrar que es necesario analizar un jugador al dedillo y no pagar una millonada mirando solo el nombre. Si a esto le sumas la falta de continuidad en proyectos a largo plazo y el cambio constante y masivo de jugadores por temporada

el resultado solo puede ser desastroso.

Además el rotundo éxito del Regal FC Barcelona, tanto en España como en Europa, solo provoca desmotivación en las oficinas blancas. Los culés fichan mejor y ganan más que los blancos, pero realmente demuestran su superioridad gracias a la confianza en un proyecto, retocado año a año en lo estrictamente necesario. La falta de continuidad es el mayor lastre de un Real Madrid, que nunca llega a cumplir las expectativas que su historia y capacidad le generan.

Este hecho, unido a la falta de apoyo de su presidente, centrado exclusivamente en el fútbol, ha provocado que su afición se haya contagiado del pesimismo y vea los tiempos de trofeos y gloria muy lejanos.


El fichaje de Rudy Fernández es un balón de oxígeno para sus aficionados.  El esfuerzo de sus dirigentes por traer a un jugador NBA, ya consagrado en el baloncesto europeo, que ilusione y permita luchar con el Regal Barça se ha materializado con el escolta de los Dallas Mavericks. El cierre patronal de la mejor liga del mundo está posibilitando el éxodo temporal de jugadores NBA hacia otras ligas extranjeras.  Pero realmente, ¿cuánto tiempo jugarán aquí? El acuerdo entre patronal y jugadores está cercano y todo parece indicar que la temporada comenzará a tiempo.Entonces, ¿qué pasa con Rudy? El escolta mallorquín ha firmado un contrato con el Madrid que le permite volver a la NBA cuando se firme el nuevo convenio colectivo. La duda radica al término de la temporada americana, donde Rudy debe decidir si quedarse con un nuevo contrato en Estados Unidos o volver al Real Madrid y cumplir el contrato firmado.  Si el escolta decidiera quedarse en la NBA, tendría que pagar una cantidad cercana a los dos millones de euros al club blanco como indemnización.

La cantidad de partidos que Rudy dispute con el Madrid y su rendimiento en el mismo es la base sobre la que el equipo blanco cimenta su futuro. Una jugada a cara o cruz que medirá la vida de un proyecto capacitado para devolver el brillo a las vitrinas o acrecentar las sombras de una sección histórica.

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