Duelo europeo con olor a clásico, pero en horas bajas. Aquellos maravillosos setenta, dónde Celtic de Glasgow y Atlético de Madrid dejaron para el recuerdo grandes partidos y mejores imágenes. Retales de un pasado glorioso para ambos en un presente sin exigencias de grandes éxitos. Madrileños y escoceses no olvidan la semifinal de la Copa de Europa de 1974 que llevó a los rojiblancos a la final del máximo trofeo continental (la del maldito gol de Schwarzenbeck en el último suspiro). La ida de aquel partido en Escocia fue durísima y el Atlético acabó con ocho jugadores. Los escoceses se quejaron, y aún siguen haciéndolo, de la extrema dureza de los colchoneros. Casualidades del destino, esas mismas críticas llegan tras el derbi contra el Real Madrid. Que azarosa es la vida.

Llegaban ambos equipos con la necesidad imperiosa de ganar: atléticos para despejar dudas y sellar  la clasificación y escoceses para no verse fuera de la competición europea. Y así salieron los dos, con la idea de asegurar su zona defensiva. La calidad de los atléticos en la medular hizo que lentamente se fuera imponiendo su estilo y ritmo de juego, gracias a un Diego Ribas sublime durante todo el encuentro. El juego y el devenir de los rojiblancos pasa por las botas del brasileño. El partido solo tenía un rumbo: la portería de Forster, aunque los católicos asustaban a Courtois entre las habituales inseguridades atléticas. Un ida y vuelta constante que acabó con el gran gol de Arda Turan, el primero del turco con la elástica rojiblanca.
El partido se ponía de cara pero la afición escocesa recordó lo que es jugar en las islas británicas. Durante diez minutos, Celtic Park empujó a los suyos que encerraron al Atlético atrás rozando el empate. Pero como vino, se fue. Diego volvió a tomar el timón y acunó con el balón el empuje escocés para llegar al descanso.
En la reanudación ambos equipos mostraron su idea de juego. El Atlético tener el balón y buscar el segundo para matar el partido. El Celtic aguantar y esperar que el empuje final les lleve a la remontada. Manzano dio entrada a Falcao pero volvió a prescindir de Reyes, asunto delicado para el entrenador y que puede influir en su futuro. Y a punto estuvo de echarle en falta. El colombiano y Juanfran pudieron finiquitar el partido pero, bien el árbitro o bien los errores, lo evitaron.
Los últimos minutos fueron un asedio para la portería madrileña, con una grada dispuesta a llevar al gol a los suyos. El nerviosismo y las imprecisiones privaron al Atlético de la victoria en Udine y aquí se mascaba la tragedia del empate, aunque finalmente no se produjo. Quizás en otros tiempos se hubiera logrado, con la afición más entregada si cabe y un Celtic de primer nivel. Tiempos pasados de gloria, a los que el Atlético busca volver. El primer paso está dado, la clasificación europea.