Se acabó la segunda etapa de Gregorio Manzano al frente del Atlético de Madrid con la sensación de proyecto muerto antes de empezar. El entrenador jienense, la opción menos deseada tanto por afición como por directiva, tuvo que remar a contracorriente constantemente, sabiendo que al primer problema él estaría en el punto de mira. Con algunas dudas en lo deportivo el proyecto echó a andar con un ojo en las eliminatorias previas europeas y otro en las salidas y fichajes del club. El culebrón Agüero marcó todo el verano rojiblanco, que pese al desánimo, conformó una plantilla más completa, con grandes nombres y la idea del buen juego y el toque por bandera. Consecuencia de los éxitos del Barça es el intento de copiar la manera de jugar culé, algo imposible y que refleja lo difícil y especial del juego de los de Guardiola. Salvo algunos partidos buenos, la idea de Manzano no carburaba y a él se le veía sin capacidad de reacción.

Además surgió el tema Reyes. El utrerano no entraba en los planes de Manzano y empezó a hacer la cama al entrenador. Un asunto parecido al ocurrido entre Quique Sánchez Flores y Diego Forlán que acabó con ambos fuera de la entidad. Casualmente el mismo destino les esperaba a Manzano y a Reyes, que no han sabido manejar la situación, aparcar el orgullo y el ego a un lado y luchar juntos por el bien del club.

La salida de Manzano estaba cantada y, en un error del club, se le dejó tres partidos en el cargo sabiendo que estaba fuera. Una especie de milla verde de tres partidos, con un destino inevitable y la sombra de un hombre persiguiéndole: Diego Pablo Simeone. El ‘Cholo’ era el encargado de suplir a un Manzano que dejó como regalo una derrota en casa contra el Betis y la eliminación de la Copa del Rey a manos de un Segunda B como el Albacete. Glorioso final de un proyecto destinado a eso mismo.

Simeone y el Atlético estaban destinados a encontrarse en algún momento y ese momento, aunque no es el esperado, ha llegado. Uno de los ídolos del histórico ‘doblete’ y emblema para la afición llega con el objetivo de mejorar la situación, llevar al Atlético a Champions y, sobre todo, contagiar a los jugadores la brega que él demostró como jugador y el amor y la importancia de llevar esa camiseta. Básicamente lo que el aficionado atlético quiere. Cuándo se gana o se pierde la afición está siempre incondicional con el equipo, lo único que piden es entrega y orgullo al llevar las rayas rojas y blancas.

El método Simeone está claro: defender bien y salir a la contra. Un estilo que ha caracterizado al Atlético durante toda su historia y que se había perdido en los últimos años por la fragilidad defensiva de los equipos. Esta será la gran asignatura del argentino. Madera tiene para ello. La afición estará con él y le permitirán varios fallos, pero no por siempre. Además, la directiva le ha dado todo su apoyo, algo vital para que un proyecto funcione. Empieza el proyecto Cholo, viento en popa a toda vela y con la sensación de proyecto vivo y de futuro.